29 noviembre 2010

John, guardián de sordos en la Fiscalía

JOHN GUTIÉRREZ VÁSQUEZ es el único empleado de la Fiscalía General de la Nación capacitado para atender a personas sordas. Además de trabajar con ellas, se gana su cariño. Colabora en las entidades estatales, donde reina el desamparo para esta población.


Donaldo Zuluaga Velilla | La Ley 324 de 1996 determina que la lengua de señas es el idioma propio de los sordos. Y la 982 de 2005 obliga a las entidades oficiales a tener intérpretes. En la foto, John sonríe en la conversación con Roberto Escobar.

Pulgar, índice, corazón, anular y meñique se estiran, se encogen, voltean. Una mano va, la otra viene. Su mirada baja, sube, enfoca al interlocutor. Frunce el ceño, sonríe, recoge los labios.

Se para, actúa, corretea. También explica con dibujos, plastilina y hasta con piedritas. Es un poco de lo que hace John Gutiérrez Vásquez para facilitar la comunicación entre las personas sordas y las oyentes.

Es el único funcionario de la Fiscalía General de la Nación capacitado para interpretar a todos los sordos de Colombia, al punto de que ha recibido dos veces la Medalla Enrique Low Murtra, la mayor distinción de su institución.

Una anciana sorda de San Javier fue estafada por un tipo que supuestamente le compró su parte de una casa. Aprovechó que ella no sabía señas, ni leer ni escribir y la hizo firmar el traspaso.

Otra mujer de Turbo llega con su hijo, consumido por la marihuana, y en Carisma no hay intérprete para facilitar la comunicación del muchacho. Todo ello lo aborda John.

Y no solo en el ente acusador. Lo llaman de Policía, Ejército, Defensoría del Pueblo, Procuraduría, DAS...

Esta mañana 'habla' con Roberto Escobar, un sordo profundo de nacimiento al que solo el estridente bajo del reguetón le toca la fibra auditiva. El entendimiento entre ambos es evidente. John no acaba su seña, cuando ya Roberto dice sí con su cabeza.

Para los miembros de la Asociación Antioqueña de Personas Sordas (Asanso), él es su padre.

Papá, porque desde hace 16 años, cuando ingresó al Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía, les ha demostrado más amor que algunas familias. Papá, porque cumple sus funciones como escolta y saca tiempo para 'escucharlos', acompañarlos y defenderlos.

Pero, ¿por qué un escolta tiene tanto afecto por los sordos? Fue la misión que Dios le encomendó, dice.

Alicia Vásquez, su madre, trabajó en un colegio de niños discapacitados y cree que esto sensibilizó a sus cuatro hijos. Con 10 años, John decía que quería ayudar a aquellos niños.

Pero luego la señora revela que Orlando Agudelo, un primo que murió, era sordo. Supone que ello también influyó en la inclinación de su hijo. Sin embargo, él sostiene que el detonante de su interés por este grupo humano fue su entrada al CTI.

Realidades y sueños
Este hombre de 39 años nació en Bogotá pero se crió en Armenia (Quindío). Prestó servicio militar en la Infantería de Marina y allá se quedó seis largos años.

Estuvo en Puerto Leguízamo (Putumayo), Arauca y San José del Guaviare, hasta que los enlatados y estar "en medio de la selva, con una ametralladora (calibre) punto 50", lo aburrieron y pidió la baja.

Aprovechando su formación militar, ingresó al CTI como escolta. Trabajaba en la avenida Caracas con 39 y allí se intrigó con tantos que pasaban y se comunicaban con señas y gestos. A cinco cuadras está la Sociedad de Sordos de Bogotá.

Allá estudió Lengua de Señas. Transcurría 1994. Al año siguiente lo trasladaron a Medellín. Aquí trabajó como investigador y recobró el cargo de escolta.

La comunicación con los sordos ya era su pasión. Por ello empezó Educación Especial en la Universidad de Antioquia. Se salió y ahora cursa tercer año de Derecho en la Corporación Universitaria Americana.

Esta carrera la inició en 2003 en la Universidad de Envigado, donde propuso que la institución fuera la primera del mundo en insertar Lengua de Señas como materia opcional en Derecho y Sicología. "Esta no será una casa de beneficencia para mudos", respondió el rector.

Por eso Roberto, representante de Líderes de Asanso, solo muestra tristeza cuando 'habla' del poco apoyo que les brindan las autoridades. Por medio de la intérprete Eliana Gallego, afirma que nunca los han atendido.

Al respecto, Martha Cecilia Penagos Penagos, directora seccional de Fiscalías de Medellín, subraya que es "una falencia de la Fiscalía" que solo haya un funcionario capacitado para atenderlos.

"Tenemos que desarrollar más personas con esa habilidad, para que esta población pueda tener fácil acceso, tanto a jueces como a denuncias (...). Todo funcionario público debe estar habilitado" en lenguaje de señas.

Explica que la escasez de empleados especialistas en señas es "porque no se tiene oficializado. Es como el inglés. Lo debíamos saber. Requerimos un intérprete y a veces nos vemos en calza prieta para conseguir uno que sepa inglés".

No obstante, apunta que en Medellín "estamos preparando procesos de capacitación incentivados por John".

Él asegura que en la U. de A., que es de las más incluyentes del país, "nunca un sordo profundo ha pasado el examen de admisión".

Esto lo hace soñar con fundar y dirigir la institución más grande de Latinoamérica para personas sordas y sordo-ciegas.

Santiago y Alicia, sus hijos, le aprenden. Ya saben las bases del lenguaje de señas y con ellas conversan con los sordos que llegan a Bello en busca de su padre.

_ John, ¿qué pasará con las personas sordas cuando usted no esté?

_ Hmmm-. Sonríe y cambia de tema.
» Contexto
El abusador que más lo indigna
Entre los más de mil casos de personas sordas atendidos por John en 16 años de trabajo en la Fiscalía, el que más le duele es uno de trata de personas sordas.

De 2000 a 2005, él le hizo seguimiento a un sordo medio que recluta sordos profundos para mendigar en las esquinas de las ciudades de Colombia e incluso los envía a Venezuela, Ecuador y Perú. El sujeto comenzó con siete personas, a las que les exigía que le "liquidaran" por la noche. Registró en Cámara de Comercio una supuesta empresa de productos de aseo, que le sirvió de fachada para presentar los 345 millones de pesos que consiguió en un año. Las autoridades lo capturaron y estuvo preso un año en la cárcel Bellavista. Detectaron que 24 personas de Medellín eran utilizadas por el tipo, que quedó libre y, según la información de John, sigue delinquiendo. Un discapacitado le trabajó 14 años.